Historia Del Muralismo

Introducción
La pintura mural, por definición, es aquella obra de arte que forma parte inseparable de los espacios arquitectónicos. No nos referimos a una composición plástica independiente, más cercana a la pintura de caballete, sino que se encuentra profundamente vinculada a los muros de la arquitectura sobre los que se asienta.
Por sus dimensiones y su ubicación en el espacio arquitectónico, el arte mural es también un medio de transmisión sociocultural, que necesita para mostrarse, insertarse en un ámbito de exposición pública.
Desarrollo de los Murales
El comienzo de la pintura mural fue la iconografía de las pinturas rupestres, luego el arte mural surgió en las ciudades antiguas, en sus plazas, templos, viviendas y tumbas; ilustrando escenas de la vida cotidiana y del universo religioso. Las escenas de los libros sagrados, tuvieron también la misión de transmitir la historia y la fe de las religiones organizadas.
En la era moderna, el mural se ha identificado con las luchas revolucionarias y de búsqueda de cambios sociales entre oprimidos y opresores. La más importante obra de arte del siglo XX, el "Guernica" del artista Pablo Picasso, es el máximo exponente del arte mural como protesta ante la guerra civil española.
Chile no se queda atrás puesto que disponemos de un centenar de murales con consignas politicas y sociales en todo chile. Un ejemplo es el mural de Fernando Daza a un costado del cerro Santa Lucia.
Los murales poblacionales constituyen un elemento importante de la cultura popular. Sus imágenes testimoniales dan cuenta de elementos que concientizan visualmente al espectadortranseúnte, educando por medio de la denuncia social, invitándonos a recordar. Un proceso de interacción social de vital importancia para la asimilación identitaria del sujeto poblador. Quien no es solo el espectador, sino también recrea con pintura y brocha en mano parte de su vida en la pared, relatando en la calle acontecimientos históricos con significancía, que a su vez el receptor re-significa, existiendo en ésta un diálogo permanente expuesto a las inclemencias del tiempo y a las miradas de todos.
El Arte Social y el Muralismo Poblacional

Según Pierre Bordieu existen tres tipos de artes; el publicitario que busca influenciar a los espectadores al consumo, el arte por el arte “el culto del estilo por el estilo, que es el equivalente en el dominio de la estética del indiferentismo político y del rechazo desligado y distante de todo compromiso.”, y el arte social que permite interactuar con la sociedad mediante símbolos y signos simples y claros con temáticas que giran en torno a problemas culturales y educativos o que refieren a la participación política e ideológica de la comunidad.
El arte mural popular o muralismo callejero es un ejemplo de ello, es un arte que concientiza por medio de lo cotidiano atrayendo con sus colores a todos los que no acceden a las galerías de arte ni museos, educa a través de la denuncia social, informa por medio de la consigna diaria de acontecimientos.
El muralismo poblacional en Chile esta dirigido al transeúnte, al espectador en movimiento siendo su principal y único espacio las calles, ya que es un espacio social abierto transitable lo que permite la interacción entre el mural y el espectador, al que se agrega - en el momento de ejecutar el mural - sus creadores, los brigadistas. Los cuales en un trabajo anónimo, colectivo, solidario y comunicativo expresan en la muralla una realidad determinada y muchas veces claramente ocultada en la realidad sistematizada. De esta manera somos testigos de un arte de denuncia.
Aquí, se deja a tras los tecnicismos, adaptándose a cualquier muro – el cual no se prepara con un afán de posteridad – ya que el mural poblacional tiene un carácter transitorio, como una reacción al momento social y político. Siendo reemplazados por las necesidades de la información, hoy se pinta, mañana de destruye. Así se pueden multiplicar sin restricciones y por su tamaño permiten ser captado por un público masivo.
Las brigadas muralistas comienzan a aparecer en la década de 1960, y son caracterizadas por un arte rápido, directo y simple que se encuentra llenos de símbolos y letras, palomas, banderas, espigas y flores, todos con un fuerte contenido político e ideológico. Posteriormente durante el gobierno de la Unidad Popular, su desarrollo sería mayor. Tras 1973 el muralismo desaparece de la luz pública esto, no porque no se sigan haciendo sino por “disposiciones administrativas” que ordenan destruirlos.
Las brigadas retornaron en la década de 1980 pero esta vez en las poblaciones, expresando inquietudes y protesta en los sectores periféricos junto a sus pobladores. Entre sus temas de denuncia se encuentran la cesantía, el hambre, la tortura, la desaparición de personas, la falta de justicia y de libertad - propio de la realidad chilena de la época-. La mayoría de los murales están acompañados de un texto que entrega un sentido particular y primario del conjunto, que facilita el entendimiento.

Las brigadas de la población La Victoria en la actualidad son compuestas por una diversidad de personas, estudiantes, universitarios, trabajadores, dueñas de casa, etc., la mayoría autodidacta comprometidos con el proceso social y la participación por medio de la creación artística. Hay brigadas cuyo rango etario se encuentra entre los 15 a los 58 años, como el caso de la brigada muralista Las Autónomas, compuesta sólo por mujeres donde “todas hacen todo”. En las brigadas como AKRE integrada por jóvenes, existe una distribución de los quehaceres de ejecución del mural, así hay trazadores, quienes son los encargados de diseñar los motivos en la pared, los rellenadores, que pintan los dibujos, los fondeadores cuyo objetivo es pintar el fondo y los fileteadores quienes colocan líneas negras en los contornos de los dibujos.
El Arte de Recordar, es un Arte con Poder
El recordar es poder. Jacques Le Goff expone que el concepto de la memoria, es crucial, ya que responde a la necesidad de conservar determinados sucesos. La memoria que nos interesa en esta ocasión es la memoria histórica aquella que sustrae del pasado, lo que le sirve para basar el presente y pensar el futuro de un grupo. Donde el hacer memoria pasa a integrar de manera primordial un concepto mayor llamado identidad, la que puede ser grupal o individual. La que indica a su vez un sentido de permanencia tanto en el campo temporal como en el espacial.
Es aquí donde aparece el concepto de memoria colectiva. Entendido como un entretejido de memorias individuales enmarcadas socialmente en un conjunto de tradiciones, que dialoga con otros dinámicamente mediante códigos culturales compartidos. “La memoria colectiva sólo consiste en el conjunto de huellas dejadas por los acontecimientos que han afectado al curso de la historia de los grupos implicados que tiene la capacidad de poner en escena esos recuerdos comunes con motivo de las fiestas, los ritos y las celebraciones públicas.” Las memorias colectivas son un instrumento de poder, una lucha permanente por el dominio del recordar y de la tradición por ende se habla de una manipulación de la memoria, una historia de los vencedores y una de los vencidos. Un accionar manipulador presente que se entrecruza con debates historiográficos en toda nuestra historia. En ella se crean epopeyas de carácter nacional, se reimplantan a la memoria colectiva sucesos que erigen interpretaciones de un pasado ausente, un pasado que distó de ser real para la mayoría.
La historia que nos relatan los murales poblacionales es la historia de los vencidos, la que recupera la otra parte de la memoria, la historia reprimida, que da una lucha por recuperar su pasado, un intento por dar cuenta de una poderosa contienda cultural y política por la interpretación del pasado reciente.
La memoria histórica pasa a ser un campo de batalla, una permanente lucha por el control, la historia se utiliza a provecho, tergiversando, ignorando u ocultando. “La memoria colectiva ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas. Los olvidos, los silencios de la historia son reveladores de estos mecanismos de manipulación de la memoria colectiva”8, por ende la memoria es más una reconstrucción que un simple recuerdo que recoge lo esencial dejando el resto para el olvido.9 Estos serian nuestros parámetros bases de investigación los que intentaremos relacionar a través de los murales.
La población La Victoria es consciente que para mantener viva la unidad poblacional hay que fortalecer la identidad grupal, y esto en parte significa hacer memoria lo que conlleva la organización, por ende la acción. El mural surge como una forma liberadora de la memoria en un espacio abierto de pugna y hegemonía, donde se gana espacio a la individualidad por medio de la colectividad, con una alternativa mediática de fuerte contenidos ideológicos. Que apela a reapropiarse la memoria colectiva.
Murales que Confrontan la Represión
Un factor importante en la creación de un mural poblacional es el marco histórico y social en el que se encuentra determinado. Los murales de la década de los ochenta y primeros años de los noventa, llaman a la búsqueda de la democracia, como también a la recuperación de derechos ciudadanos. Tal como expone Jelin “La marca de lo traumático interviene de manera central en lo que el sujeto puede y no puede recordar, silenciar, olvidar o elaborar. En un sentido político, las “cuentas con el pasado” en términos de responsabilidades, reconocimientos y justicia institucional se combinan con urgencias éticas y demandas morales, no fáciles de resolver por la conflictividad política en los escenarios donde se plantean y por la destrucción de los lazos sociales inherentes a las instituciones de catástrofe social”.
Las imágenes superiores corresponden a murales realizados entre 1989 y 1990, los tres llaman a organizarse para recobrar los derechos perdidos durante el gobierno militar. Se puede observar a una mujer que tiene en sus manos una bandera, ella es vista por los entrevistados como la libertad, que llama a enfrentarse abiertamente contra las fuerzas policiales. Un enfrentamiento que guarda relación con la capacidad democrática del voto, la acción social y la exigencia de derechos, de ahí el rostro descubierto. El noveno, además, reclama la libertad de los presos políticos, me da pena la dictadura, porque hubo tantos muertos, tantos masacrados, no podíamos luchar contra un gobierno que tenia todo el poder de la fuerza bruta.
Esta imagen nos señala una convocatoria al recuerdo de los caídos durante la resistencia armada de la población, sufrimos harto con todo lo que pasó, que los pacos pasaban, que disparaban, que se metían para la casa, que hacían tiras las cosas, ellos hacían lo que querían, entonces allí la gente sufrió y uno sufrió por esa gente que luchó también porque ellos luchaban por nosotros - yo pienso así - que esa gente luchó por nosotros y después eran maltratados, cómo les pegaban, cómo los sacaba, algunos volvían, pero otros no volvían.
Así vemos como la identidad reaccionaria del poblador “victoriano” - ante el sistema
socioeconómico vigente que lo coarta - se va trabajando por medio de la memoria y donde el mural es el medio de comunicación, más masivo que mantiene la relación memoria-identidad mediante la coherencia de unidad. La memoria y la identidad pueden trabajar por sí solas, y sobre sí mismas, en una labor de mantenimiento de la coherencia y la unidad. Los periodos de crisis internas de un grupo o de amenazas externas generalmente implican reinterpretar la memoria y cuestionar la propia identidad.
Esta imagen corresponde a parte de un mural hecho por Las Autónomas, en conmemoración de la semana de André Jarlán, en él se puede apreciar un helicóptero sobrevolando la población en llamas, producto de las fogatas nocturnas. Los helicópteros, los continuos allanamientos, las fogatas, marcaron a muchas generaciones de pobladores de este sector, muchos de los que para esa fecha eran niños hoy rememoran y explican a sus hijos, lo que representa el mural. Y nos dan a conocer sus experiencias; Mira, por ejemplo, yo tengo una hija de la edad de ustedes seguramente, y ella nació en el 73’ y ella nunca se le ha olvidado el sonido del helicóptero, y cada vez que ella lo escucha, recuerda inmediatamente la represión cuando sacaban a su padre a las 5 de la mañana de la cama con los brazos arriba, marchando junto con 5.000 hombres, porque nunca pensaron que eran tanto, y ella hoy en día es profesora, licenciada de educación, pero ella dice; Yo escucho el helicóptero y vuelve a mí el año 80, 82, 86, porque son cosas muy fuerte, no se pueden olvidar.

Murales que Denuncian la Tortura Actual
Por último no debemos olvidar que los murales satisfacen las necesidades de fortalecimiento identitario y como mencionamos en la primera parte de la ponencia, expresan necesidades de comunicación, de crítica social y de denuncia. Es por ello que quisiéramos rescatar, a modo de ejemplo, un mural que manifiesta la violencia intrafamiliar, la tortura actual, no la ejercida por el gobierno hacia el joven revolucionario, sino la de la mujer víctima en su propio hogar del maltrato físico, verbal, psicológico y económico. Las necesidades han cambiado, antes se pintaba contra la dictadura, ahora otros grupos siguen recordando eso, nosotros pintamos para las torturadas en la actualidad, las mujeres que son constantemente golpeadas.
El mural pasa a ser entonces una herramienta de protesta contra la violencia con un objetivo bien claro. El agresor puede romper el panfleto o cambiar el canal de televisión cuando sale un spot contra la violencia, pero el mural queda ahí. Todas las mañanas cuando va a trabajar y después cuando vuelve a su casa está nuestro arte reprochando su violencia, tal como expone Roxana. Jani nos cuenta que los hombres, al ver los muros pintados, se desentienden aunque dentro de su ser tienen muy claro que el mensaje va directo a ellos.




